¡Qué calor! ¿Nos tomamos algo fresco en nuestra C’UP?

Parece que la ola de calor que nos visita se encuentra muy a gusto entre nosotros, aunque no es un sentimiento mutuo. La verdad es que ya no sabemos qué hacer, no hay manera de caminar sin sentirnos pegados al suelo como si el asfalto se derritiera bajos nuestros pies. Comer un helado se ha convertido en una carrera contrarreloj en la que el calor lleva ventaja, y no tardamos en notar como esa crema fresca recorre el cucurucho en dirección a la mano, así que lo mejor es optar por un vasito y comerlo tranquilamente, bebiendo después lo que se ha derretido. El agua fría hace que nos sintamos mejor y la bebemos constantemente pero, ¡ojo!, hay que tragar despacio o se enfriará nuestra garganta; lo mismo ocurre con el aire acondicionado de edificios y transportes, estamos sometidos a un cambio constante de temperaturas que nos pasa factura: una contractura en el cuello porque al sentarnos en el autobús nos daba directo el chorro del aire frío, una afonía porque el aire acondicionado de nuestro trabajo genera una ligera e imperceptible corriente que nos da de lleno mientras atendemos las llamadas cotidianas.

 

Todos buscamos esa sombra proyectada por el semáforo para esperar a poder cruzar, nunca sospechamos lo pequeños que podríamos hacernos ante el acoso del rey sol. Sentarse en un banco urbano es casi una misión de alto riesgo al poder quedar marcados “a fuego” por la temperatura que alcanzan, son como un escaparate de golosinas a la puerta de un colegio con el cartel “Abrimos mañana”.

Después de un largo día de trabajo, llegamos a casa y no corre el aire y el que nos llega lo hace con una temperatura… que mejor sería que se quedara quieto sin moverse.

La noche, ese momento en el que esperamos la oscuridad como sombra absoluta en la que poder movernos sin sentir las piernas como columnas de granito, donde al refrescarnos la cara con un poco de agua podamos sentir el frescor esperado, parpadear sin notar el sudor adherido a nuestros párpados, reír sin tener miedo de perder energía, beber y saciar nuestra sed durante más de diez minutos, comer una ensalada sin ver a la lechuga persiguiendo esa gotita de agua que se condensó en el borde. ¡Qué calor!

Visiones y espejismos propios de desiertos de arena, hoy desiertos de asfalto, pero en los que buscamos ese oasis que nos ayude a seguir adelante un día más.

¿Nos tomamos algo fresco en nuestra C’UP?
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